Convertirme en aire, mezclarme con las partículas que flotan libres; mecerme entre las copas de los arboles, jugar con los cometas y ocasionalmente levantar el vestido de alguna chica.
Diluirme con las gotas pasajeras de lluvia, evaporarme y dispersarme en el mundo, mojar la ropa que han puesto al sol a secar y perseguir a la gente ocupada que no se puede empapar.
Explotar, transformarme en un rayo de luz para recorrer el infinito y ocasionalmente iluminar el rostro despreocupado de una siesta de medio día.
Desvanecerme.
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