Dicen que siempre estoy enojado o al menos esa es la primera impresión que tienen de mi, la verdad después de ver algunas de mis fotografías creo que tienen razón; quizás olvide como sonreí. Esa es alguna de las cosas que ella cambio.
Supongo que podría llamarlo destino, por llamarlo de algún modo; desde el primer instante logro robarse de mi serio semblante varias sonrisas. Sus primeras palabras quedaron grabadas en lo profundo de mi mente, que aun evocarlas producen una sonrisa; desde ese momento nada ha cambiado o quizá sí. Primero eran sonrisas esporádicas, escapando de mi custodia; hoy son miles de sonrisas que llegan a confundirse con una sola y constante.
No tengo idea cuando sucedió, no puedo presumir que mi mueca de seriedad se ha ido por completo; pero solo basta ella en mi memoria para desvanecer ese gesto y volver a sonreír.
¿Quién sería yo sin ella? Yo, sin sonreír.
